Esta traducción, ofrecida de manera independiente por los fundadores del Kantian Project, tiene como material de referencia la edición de Jens Timmermann para la editorial Felix Meiner Verlag de 2019.

Crítica de la razón pura (HTML)

Índice

  • Dedicatoria
  • Prólogo [A]
  • Prólogo a la segunda edición [B]
  • Introducción [según la edición A]
  1. Idea de la filosofía trascendental
    Sobre la distinción entre juicios analíticos y juicios sintéticos
  2. Introducción de la filosofía trascendental
  • Introducción [según la edición B]
  1. Sobre la distinción entre la cognición pura y la cognición empírica
  2. Estamos en posesión de ciertas cogniciones a priori e incluso el entendimiento común no carece nunca de ellas
  3. La filosofía necesita una ciencia que determine la posibilidad, los principios y el alcance de todas las cogniciones a priori
  4. Sobre la distinción entre juicios analíticos y juicios sintéticos
  5. En todas las ciencias teóricas de la razón están contenidos juicios sintéticos a priori como principios
  6. Tarea general de la razón pura
  7. Idea y división de una ciencia especial bajo el nombre de una crítica de la razón pura

Doctrina trascendental de los elementos

Primera parte: la estética trascendental

  • § 1
  • Primera sección: sobre el espacio
  • § 2. Exposición metafísica de este concepto [Nota del traductor 1]
  • § 3. Exposición trascendental del concepto de espacio
  • Segunda sección: sobre el tiempo 
  • § 4. Exposición metafísica del concepto de tiempo
  • § 5. Exposición trascendental del concepto de tiempo
  • § 6. Conclusiones a partir de estos conceptos
  • § 7. Elucidación
  • § 8. Observaciones generales sobre la estética trascendental 

Segunda parte: la lógica trascendental

  • Introducción: idea de una lógica trascendental
  1. Sobre la lógica en general
  2. Sobre la lógica trascendental
  3. Sobre la división de la lógica universal en analítica y dialéctica
  4. Sobre la división de la lógica trascendental en la analítica trascendental y la dialéctica trascendental

Primera división: la analítica trascendental

Libro primero:: la analítica de las concepciones

  • Primer capítulo: guía para el descubrimiento de todas las concepciones puras del entendimiento

  1. Primera sección: sobre el uso lógico del entendimiento en general

  1. Segunda sección: § 9 sobre las funciones lógicas del entendimiento en los juicios [Nota del traductor 2]
  2. Tercera sección:
  • §10 Sobre las concepciones puras del entendimiento o categorías
  • § 11 
  • § 12 
  • Segundo capítulo: sobre la deducción de las concepciones puras del entendimiento
  • Primera sección: 
  • §13 Sobre los principios de una deducción trascendental en general
  • Transición hacia la deducción trascendental de las categorías
  • Segunda sección [según la edición A]: sobre los fundamentos a priori de la posibilidad de la experiencia
  1. Sobre la síntesis de la aprehensión en la intuición
  2. Sobre la síntesis de la reproducción en la imaginación
  3. Sobre la síntesis de la rocognición en las concepciones
  4. Explicación preliminar de la posibilidad de las categorías como cogniciones a priori
  •  Segunda sección [según la edición B]: deducción trascendental de las concepciones puras del entendimiento
  • § 15 Sobre la posibilidad de una conexión en general
  • § 16 Sobre la originaria unidad sintética de la apercepción
  • § 17 El principio de la unidad sintética de la apercepción es el principio supremo de todo uso del entendimiento
  • § 18 Sobre la unidad objetiva de la autoconciencia
  • § 19 La forma lógica de todos los juicios consiste en la unidad objetiva de la apercepción de las concepciones contenidas en ellos
  • § 20 Toda intuición sensible se encuentra bajo las categorías, en tanto que estas son las únicas que pueden reunir en una conciencia la multiplicidad de esa intuición
  • § 21 Observación
  • § 22 La categoría no tiene ningún uso para la cognición de las cosas salvo su aplicación a las cosas de la experiencia [Nota del traductor 3]
  • § 23
  • § 24 Sobre la aplicación de las categorías a las cosas de los sentidos en general
  • § 25
  • § 26 Deducción trascendental del uso empírico universalmente posible  de las concepciones puras del entendimiento [Nota del traductor 4]
  • § 27 Resultado de esta deducción de las concepciones del entendimiento
  • Tercera sección: sobre la relación del entendimiento con las cosas en general y la posibilidad de cognoscerlas a priori [Nota del traductor 5]
  • Representación sumaria de la corrección y única posibilidad de esta deducción de las concepciones puras del entendimiento

Libro segundo: la analítica de los principios

  • Introducción: sobre el poder trascendental de juzgar en general [Nota del traductor 6]
  • Primer capítulo: sobre el esquematismo de las concepciones puras del entendimiento
  • Segundo capítulo: sistema de todos los principios del entendimiento puro
  • Primera sección: sobre el principio supremo de todos los juicios analíticos
  • Segunda sección: sobre el principio supremo de todos los juicios sintéticos
  • Tercera sección: representación sistemática de todos los principios sintéticos del entendimiento puro
  • Axiomas de la intuición
  • Anticipaciones de la percepción
  • Analogías de la experiencia
  • Primera analogía: principio de permanencia de la sustancia
  • Segunda analogía: principio de la sucesión temporal según la ley de la causalidad
  • Tercera analogía: principio de la simultaneidad según la ley de acción recíproca o comunidad
  • Los postulados dle pensamiento empírico en general
  • Refutación del idealismo
  • Observación general con respecto al sistema de los principios
  • Tercer capítulo: sobre el fundamento de la distinción entre fenómenos y noúmenos de todas las cosas en general [según la edición A]
  • Tercer capítulo: sobre el fundamento de la distinción entre fenómenos y noúmenos de todas las cosas en general [según la edición B]
  • Apéndice: sobre la anfibología de las concepciones de reflexión a causa de la confusión del uso empírico del entendimiento con el uso trascendental del mismo [Nota del traductor]
  • Observación con respecto a la anfibología de las concepciones de reflexión

Segunda división: la dialéctica trascendental

Doctrina trascendetal del método

  • Primer capítulo: la disciplina de la razón pura
  • Primera sección: la disciplina de la razón pura en su uso dogmático
  • Segunda sección: la disciplina de la razón pura con respecto a su uso polémico
  • Sobre la imposibilidad de que la razón pura quede satisfecha con el escepticismo ante la contradicción consigo misma
  • Tercera sección: la disciplina de la razón pura con respecto a las hipótesis
  • Cuarta sección: la disciplina de la razón pura con respecto a sus demostraciones
  • Segundo capítulo: el canon de la razón pura
  • Primera sección: sobre el objetivo último del uso puro de nuestra razón
  • Segunda sección: sobre el ideal del bien supremo como un fundamento determinante del objetivo último de la razón pura
  • Tercera sección: del opinar, el saber y el creer [Nota del traductor 7]
  • Tercer capítulo: la arquitectónica de la razón pura
  • Cuarto capítulo: la historia de la razón pura


Baco de Verulamio.
Instauratio magna. Praefatio

«Sobre nosotros mismos callamos. En cambio, sobre la cuestión aquí tratada pedimos que los hombres no la traten como mera opinión, sino como una obra; y que tengan por cierto que no construimos los fundamentos de alguna secta o de pareceres, sino los de la utilidad y grandeza humanas. Pedimos, pues, que, en interés propio [...] se considere el bien común [...] y se participe en la tarea. Asimismo, que no se espere de nuestra instauración que sea algo infinito o suprahumano, puesto que en realidad es el término legítimo y el fin de un error inacabable.»

Dedicatoria

A su Excelencia, el real ministro de Estado, barón de Zedlitz

¡Estimado señor! [Nota del traductor 8]:

Promover el crecimiento de las ciencias por su parte quiere decir trabajar en el propio interés de Su Excelencia, pues este está intimísimamente vinculado con aquellas, no meramente por el elevado puesto de un protector, sino por la relación mucho más familiar de un amante e ilustrado conocedor. Por ello me sirvo también del único medio que, en cierto modo, está a mi alcance para manifestar mi gratitud por la misericordiosa confianza con la que Vuestra Excelencia me honra, como si yo pudiera contribuir algo a este propósito.

A la misma misericordiosa atención con la que Vuestra Excelencia se dignó a valorar la primera edición de esta obra, dedico ahora también esta segunda, y con ella, al mismo tiempo, todos los demás asuntos de mi destino literario, permaneciendo con la más profunda veneración.

Königsberg, 23 de abril de 1787

Vuestra Excelencia, su más sumiso y obediente servidor, Immanuel Kant.

Prólogo [A]

La razón humana [Nota del traductor 9] tiene el particular destino, en uno de los géneros de sus cogniciones, de que ella es acosada por preguntas que no puede rechazar, dado que le son planteadas por la misma naturaleza de la razón, pero también que ella no puede responder, ya que exceden todas las capacidades de la razón humana.

Ella cae en este aprieto sin que sea su culpa. Ella empieza desde los primeros principios, cuyo uso en el curso de la experiencia es inevitable y, simultáneamente, se encuentra suficientemente validado por esta. Con estos se alza cada vez más alto (como su naturaleza conlleva también), hacia condiciones más lejanas. Ya que ella se apercibe, sin embargo, de que, de este modo, sus tareas habrán de permanecer siempre inconclusas, puesto que las preguntas nunca se detienen, se ve obligada a tomar el refugio de principios que sobrepasan todo uso posible de la experiencia y, sin embargo, parecen tan insospechables que también la razón humana común está de acuerdo con ellos. Sin embargo, esto la. hace caer en la oscuridad y en contradicciones, de lo que se puede extraer que debe haber errores ocultos en algún lado, pero no los puede hallar, ya que los principios de los que se sirve ya han excedido los límites de toda experiencia, ya no reconocen la piedra de toque de la experiencia. El campo de batalla de estas disputas interminables se denomina ahora Metafísica.

Hubo un tiempo en el cual ella era llamada la reina de todas las ciencias y, si se toma la voluntad antes que el acto, sin duda se merece este nombre honorífico, debido a la importancia prioritaria de su objeto. Ahora la moda de la época trae consigo mostrarle todo  su desprecio, y la matrona se queja, repudiada y abandonada, como Hécuba: hasta hace poco fui la mayor de todas las cosas, poderosa por tantos yernos y nacidos — ahora soy arrastrada, exiliada, desposeída [Nota del traductor 10].

Al principio su dominio , bajo la administración de los dogmáticos, era despótico. Pero, dado que la legislación todavía tenía en sí la huella de la antigua barbarie, degeneró mediante guerras internas en completa anarquía, y los escépticos, un tipo de nómadas que aborrecen todo cultivo permanente del suelo, quebrantaban de vez en cuando la unión civil. Pero, dado que por suerte eran pocos, no pudieron impedir que aquellos volviesen a cultivarla una y otra vez, aunque sin seguir un plan acordado entre ellos. En tiempos más nuevos parecía como si, por una vez, mediante una cierta psicología del entendimiento humano (del famoso Locke), se fuese a poner fin a esta disputa, y que la legitimidad de esas pretensiones iba a quedar completamente decidida;  sin embargo, se descubrió que, si bien el nacimiento de aquella reina predestinada se derivaba de la plebe de la experiencia común y, por tanto, su pretensión tendría que haber suscitado sospechas con razón, ella siguió afirmando sus reclamaciones, porque esta genealogía le había sido de hecho atribuida erróneamente, lo que provocó que todo volviese a caer en el anticuado y carcomido dogmatismo, y de ahí en el menosprecio del que se quería sacar a la ciencia. Ahora, después de haber probado en vano todos los caminos (como uno se convence a sí mismo), predomina en las ciencias el hartazgo y el indiferentismo total, la madre del caos y de la noche, pero al mismo tiempo el origen o, al menos, el preludio de una cercana transformación e iluminación de las mismas, cuando por una diligencia inapropiada, se han vuelto oscuras, confusas e inservibles.

Es inútil querer crear antinaturalmente [Nota del traductor 11] indiferencia ante tales investigaciones, cuyo asunto no puede serle indiferente a la naturaleza humana. Incluso aquellos supuestos indiferentistas, por mucho que recuerden disimular mediante el cambio del lenguaje académico por un tono popular, caen inevitablemente, siempre que piensan en algo, en las afirmaciones metafísicas contra las cuales fingían tanto desprecio. Sin embargo, esta indiferencia, que se produce en medio del florecimiento de todas las ciencias y que afecta a aquellos cuyos conocimientos, si se tuviesen, serían a los que menos renuncia se haría, es un fenómeno que merece atención y reflexión. Es evidente que no es un efecto de la imprudencia, sino del maduro poder de juicio [Nota del autor 1] de la época, la cual ya no se contenta con el conocimiento aparente y que le hace una exhortación a la razón: que asuma de nuevo la más ímproba de todas sus tareas, a saber, el autoconocimiento, y que implante un tribunal el cual asegure sus legítimas pretensiones pero que, por otra parte, pueda despachar sus arrogaciones infundadas, no mediante dictámenes, sino mediante sus leyes eternas e inmutables, y este no es otro que la crítica de la razón pura misma.

Sin embargo, no entiendo por esto una crítica de libros y sistemas, sino de la capacidad de la razón en general, con respecto a toda cognición que pueda tener, al que puede aspirar independientemente de toda experiencia, por consiguiente, la decisión de la posibilidad o imposibilidad de una metafísica en general y la determinación tanto de las fuentes como de la extensión y los límites de la misma, pero todo ello a partir de principios.

He tomado ahora este camino, el único que quedaba, y me halaga haber encontrado en él la solución de todos los errores que hasta ahora habían enemistado a la razón consigo misma en su uso no experiencial. No he eludido sus preguntas excusándome con la incapacidad de la razón humana; sino que he las he especificado completamente según principios y, después de haber descubierto el punto del malentendido de la razón consigo misma, las he resuelto para su completa satisfacción. La respuestas a aquellas preguntas no es tan extravagante como una avidez de sabiduría dogmática y entusiasta podría haber esperado; pues ésta solamente podría satisfacerse mediante poderes mágicos, con los que yo no me entiendo. Pero esa no era en absoluto la intención de la determinación natural de nuestra razón; y el deber de la filosofía era eliminar la ilusión surgida de la malinterpretación, por más que eso supusiese destruir con ello el delirio alabado y popular. En este trabajo he dejado que mi atención se centrase en el detallismo, y me atrevo a decir que no debería haber ni una sola tarea metafísica que no sea aquí resulta o para cuya  resolución no se proporcione al menos la clave. De hecho, la razón pura también es una unidad tan completa que, si el principio de la misma fuese insuficiente para una sola de todas las cuestiones que le son dejadas por su propia naturaleza, este después de todo solamente se podría descartar, ya que entonces tampoco habrían sido desarrolladas con completa fiabilidad todas las restantes.

Creo, mientras digo esto, percibir en el rostro del lector una mezcla de desprecio con desafección, por la apariecia de tan jactanciosas y vanidosas de las pretensiones, y, no obstante, son sin comparación más moderadas que las de cada autor del programa más común, que finge probar en él la naturaleza simple del alma o la necesidad de un primer inicio del mundo. Porque este se propone ampliar la cognición humana más allá de todos los límites de la experiencia posible, de lo que humildemente confieso: que sobrepasa completamente mi capacidad, en cuyo lugar solo tengo que ver con la razón misma y su pensamiento puro, cuyo conocimiento  minucioso no puedo buscar lejos alrededor de mí, porque lo encuentro en mí mismo, y del que la lógica común también me da un ejemplo, que todas sus acciones simples se pueden enumerar de manera completa y sistemática; solo que aquí se plantea la pregunta de cuánto podría esperar orientarme con ella cuando se me quita todo el material y el apoyo de la experiencia.

Esto es todo con respecto a la completitud en la consecución de cada uno de estos, y la minuciosidad en la consecución de todos los objetivos juntos, la cual no es una intención arbitraria, sino lo que nos deja la misma naturaleza de la cognición como materia de nuestro examen crítico.

Todavía nos quedan por contemplar la certeza y la claridad, dos piezas que le atañen a la forma del mismo como requisitos esenciales que se le pueden hacer con razón al autor que se arriesga a una empresa tan escabrosa.

Prólogo [B]


Doctrina trascendental de los  elementos


Estética trascendental

Sean cuales sean el modo y los medios a través de los cuales una cognición refiera a cosas, aquello por lo cual refiere a las mismas inmediatamente y a lo que apunta todo pensamiento como medio es la intuición. Sin embargo, esta solamente tiene lugar cuando la cosa nos es dada; pero esto, nuevamente, solamente es posible, al menos para nosotros, los humanos, si esta nos afecta de cierta manera. La capacidad (receptividad) de recibir representaciones al ser afectados por las cosas se denomina sensibilidad. Es gracias a la mediación de la sensibilidad que las cosas nos son dadas, y solamente ella nos proporciona intuiciones; mediante el entendimiento, empero, estas son pensadas, y de él surgen concepciones. Pero todo pensamiento ha de referirse en última instancia, directamente o con rodeos (indirectamente), mediante ciertas marcas a las intuiciones, y con ello, en nuestro caso, a la sensibilidad, dado que las de otro modo no se nos puede dar ninguna cosa.

El efecto de una cosa sobre la capacidad de representación, en tanto que somos afectados por la misma, es la sensación [Nota del traductor X]. Aquella intuición la cual refiere a las cosas mediante sensación [Nota del traductor Y] se denomina empírica. La cosa indeterminada de una intuición empírica recibe el nombre de apariencia.

En la apariencia denomino materia de la misma a lo que le corresponde a la sensación, pero a aquello que hace que la multiplicidad de la apariencia pueda ser ordenada en ciertas relaciones lo llamo morfé de la apariencia. Dado que aquello que es lo único por lo que las sensaciones se pueden ordenar y configurar en cierta forma no puede ser a su vez una sensación, aunque la materia de todas las apariencias nos es dada solamente a posteriori, su morfé debe estar preparada a priori en la mente [Nota del traductor Z], y por lo tanto puede ser considerada separadamente de toda sensación.

Denomino pura (en sentido trascendental) a toda representación en la que no se encuentra nada perteneciente a la sensación. Así, la morfé pura de las intuiciones sensibles será encontrada en general a priori en la mente, en la cual toda multiplicidad de las apariencias es vista en ciertas relaciones. Esta morfé pura de la sensibilidad también se llamará intuición pura. De este modo, cuando separo en la representación de un cuerpo aquello que el entendimiento piensa de él, como sustancia, fuerza, divisibilidad., etc. y lo que pertenece a la sensación, como la impenetrabilidad, la dureza, el color, etc., me queda todavía algo de esta intuición empírica, a saber, extensión y forma. Estas pertenecen a la intuición pura, que tiene lugar en la mente como mera morfé de la sensibilidad, incluso sin una cosa efectiva de los sentidos o sensación.

A una ciencia de todos los principios de la sensibilidad a priori la llamo estética trascendental [Nota del autor 1]. Ha de haber, por tanto, una ciencia tal que constituya la primera parte de la doctrina trascendental de los elementos, en contraposición con aquella que contiene los principios del pensamiento puro, que será llamada lógica.

Por tanto, en la estética trascendental aislaremos primero la sensibilidad, separando todo lo que entendimiento piensa mediante sus concepciones, de modo que no quede nada más que la intuición empírica. En segundo lugar extirparemos también todo lo perteneciente a la sensación, de modo que solo quede la intuición pura y la mera morfé de las apariencias, que es la única que la sensibilidad puede proporcionar a priori. Con este análisis se descubrirá que hay dos morfés puras de la intuición sensible, a saber, el espacio y el tiempo, con cuya consideración nos ocuparemos ahora.

Del espacio

Exposición metafísica de esta concepción [Nota del traductor D]

Por medio del sentido externo (una propiedad de nuestra mente), nos representamos las cosas como externas a nosotros, y todas ellas en el espacio. Allí es determinada o determinable su forma y sus relaciones entre sí. El sentido interno, mediante el cual la propia mente se intuye a sí misma o a su estado interior, aunque no da ninguna intuición de la misma alma como objeto, es una morfé determinada, solamente bajo la cual es posible la intuición del estado interior, de modo que todo lo que pertenece a la determinación interna es representado en relaciones del tiempo. Exteriormente el tiempo no puede ser intuido, así como tampoco puede serlo el espacio como algo en nosotros. ¿Qué son entonces el espacio y el tiempo? ¿Son seres reales? ¿Son solamente determinaciones o también relaciones de las cosas, pero tales que les corresponderían también en sí, incluso si estas no están siendo intuidas, o son tales que tan solo se adhieren a la morfé de intuición y, consiguientemente, a la calidad subjetiva de nuestra mente, sin la cual estos predicados no le pueden ser atribuidos a ninguna cosa? Para instruirnos sobre esto vamos a exponer primero la concepción de espacio. Entiendo por exposición la representación clara (aunque no detallada) de lo que pertenece a una concepción;  pero la exposición es metafísica cuando aquella contiene lo que la concepción presenta como dado a priori.

1) El espacio no es una concepción empírica extraída de las experiencias externas. Para que ciertas sensaciones se refieran a algo fuera de mí mí (esto es, a algo en un lugar del espacio diferente de aquel en el que me encuentro), y del mismo modo para que yo pueda representarlas como externas y una junto a la otra, con ello no simplemente diferentes, sino en diferentes lugares, para ello ha de estar la representación del espacio en el fondo. Por ello, la representación del espacio no puede estar tomada prestada de las relaciones de la apariencia externa mediante la experiencia, sino que esta experiencia externa es en sí misma solamente posible en primer lugar a través de la representación pensada.

2)  El espacio es una representación necesaria a priori que está en la base de todas las intuiciones externas. Nunca se puede hacer una representación de ello en la que no esté el espacio, si bien sí es posible pensar que no se encuentran cosas en él. Será por tanto considerado condición de la posibilidad de las apariencias, y no como una determinación dependiente de ellas, y es una representación a priori que se encuentra de manera necesaria en la base de las apariencias externas.

3) El espacio no es ninguna concepción discursiva o, como se dice, concepción universal de las relaciones de las cosas en general, sino una intuición pura. Primeramente uno solamente se puede representar un único espacio, y cuando se habla de muchos espacios, se entienden por ello solamente partes de un único y mismo espacio. Esas partes tampoco pueden preceder al espacio único omnicomprensivo como sus  partes constituyentes (a partir de lo cual sería posible una composición), sino que solamente pueden ser pensadas en él. Él es esencialmente único, la multiplicidad  en él y, con ella, también el concepto general de espacios, descansa solamente sobre la limitación. De aquí se sigue que, en lo que a él respecta, una intuición a priori (que no es empírica) sirve de fundamento a todos los conceptos relativos a él. Así, todos los principio geométricos, como que en un triángulo dos lados juntos son más grandes que el tercero, nunca se derivan de concepciones generales de línea y triángulo, sino de la intuición y, además, a priori con certeza apodíctica.

4) El espacio es representado como una magnitud infinita dada. Ahora bien, hay que pensar toda concepción como una representación que está contenida en una multitud infinita de distintas representaciones posibles (como la característica común a ellas), por tanto conteniéndolas todas en sí.; pero ninguna concepción, en tanto tal, puede ser pensada como si contuviese una una multitud infinita de representaciones. No obstante, el espacio es pensado así (porque todas las partes del espacio en lo infinito son simultáneas). Por tanto la representación original del espacio es intuición a priori, y no concepción.

Exposición trascendental de la concepción del espacio


Conclusiones de las concepciones anteriores


Del tiempo

Exposición metafísica de esta concepción


Lógica trascendental


Analítica trascendental


Dialéctica trascendental


Doctrina trascendental del método


Notas

[Nota del traductor 1]: Los fundadores de este proyecto preferimos traducir el término alemán "Begriff" como "concepción", pero reservaremos esta nomenclatura para refrirnos a las representaciones originadas en el entendimiento, entre las cuales no se encuentran el espacio y el tiempo, que son morfés puras a priori de la sensibilidad.

[Nota del traductor 2]: En el texto original, Immanuel Kant habla de "la función lógica del ententimiento en los juicios" (von der logischen Funktion des Verstandes in Urteilen). No obstante, los fundadores de este proyecto defendemos que cada una de las formas del entendimiento (Vertandesformen) es un átomo lógico; es decir, que actua de manera independiente e irreductible.

[Nota del traductor 3]: En este epígrafe Immanuel Kant emplea dos palabras distintas que hemos traducido indistintamente como "cosa": "Ding" y "Gegenstände" (Gegenstand en plural). El primer término, "Ding", cognado del inglés "thing", es muy semejante en su uso a "cosa" en español. El segundo, "Gegenstand", se suele traducir como "objeto", pero nosotros preferimos reservar dicho vocablo para el étimo "Objekt", también presente en la obra y fundamento de la objetividad; "cosa" no nos convence como traducción para "Gegenstand", pero la carencia de alternativas claramente mejores nos ha llevado a considerar que el uso técnico de "cosa" en este sentido es apropiado. Con todo, teniendo en cuenta que nos referimos a la "cosa en sí" (Ding an sich) también de esta manera, he tenido a bien preservar la sistematicidad y la continuidad. Mi traducción ideal de este epígrafe, sin apegarnos a la sistematicidad y la continuidad en el uso de los términos, sería: "Las categorías no tienen ningún uso para la cognición de las cosas salvo su aplicación a lo que se aparece en la experiencia". En cualquier caso, lo importante es la concepción y no su expresión lingüística, esta última se estandariza para maximizar la claridad y la univocidad.

[Nota del traductor 4]: La palabra compuesta (Kompositum) "Erfahrungsgebrauch" (Erfahrungsgebrauchs en este caso, ya que se trata de un Genitiv) se traduce literalmente como "uso experiencial" o "uso de la experiencia". Con todo, preferimos la locución "uso empírico" por su tradición en las traducciones al español, siendo legítimo dada la asociación entre ambos étimos.

[Nota del traductor 5]: "Relación" no se refiere aquí a la tercera cabecera de las categorías (Relation), el término alemán empleado por Immanuel Kant es "Verhältnisse", cuya traducción se aproximaría más a "proporción, razón, reparto...", pero creo que el uso de "relación" aquí no genera confusión y resulta mucho más natural.

[Nota del traductor 6]: Traduzco aquí "Urteilskraft" como "poder de juicio". Es más común usar "Juicio" (con mayúscula inicial para dintinguirlo de "Urteil") o "facultad de juzgar", pero, considerando que la facultad trascendental atómica es el entendimiento, preferimos hablar de "poder" y evitar la confusión con los juicios en sí.

[Nota del traductor 7]: He preferido mantenerme fiel a la versión original priorizando la forma sustantivada del verbo, aunque es habitual encontrar sus derivados: opinión, saber y creencia.

[Nota del traductor 8]: La expresión alemana "Gnädiger Herr" significa literalmente "Señor misericordioso/piadoso/clemente".

[Nota del traductor 9]: Immanuel Kant repite con frecuencia el adjetivo "humano" (menschlich) para calificar a sustantivos como "razón" (Vernunft), "entendimiento" (Verstand) o "cognición" (Erknenntnis), pero los fundadores de este proyecto consideramos que esto es un error. Lo que critica realmente esta obra es el sujeto cognoscitivo (trascendental) del propio Immanuel Kant, y, si bien creemos que este es idéntico al nuestro, no tenemos acceso a los sujetos cognoscitivos de las demás personas; hablar de "humanidad" es una generalización improcedente. Con todo, ha de tenerse en cuenta que la filosofía presuposicional siempre será relevante, aunque un hipotético sujeto cognoscitivo distinto no compartiría los elementos aquí expuestos y debería explorar los suyos propios.

[Nota del traductor 10]: Traducción propia de "modo máxima rerum, tot generis natisque potens —nunc trabor exul, inops", extracto de Ovidio, Metamorfosis, XIII, 508-510.

[Nota del traductor 11]: Kant emplea el verbo "erkünsteln", que en su tiempo debió de significar algo así como "crear algo de manera antinatural, artificial".

[Nota del autor 1]: Ocasionalmente se oyen quejas sobre la superficialidad del modo de pensar de nuestra época y sobre la decadencia de la ciencia fundamentada. Sin embargo, yo no veo que aquellas cuyos fundamentos están bien asentados, como las matemáticas, la doctrina natural, etc. merezcan lo más mínimo este reproche, sino que más bien mantienen la antigua reputación de fundamentación, e incluso la superan en esto último. El mismo espíritu se mostraría ahora efectivo en otros tipos de cognición, si tan solo se hubiese procurado antes de nada la corrección de sus principios. Ante la carencia de los mismos, la indiferencia, la duda y, finalmente, la crítica severa son más bien prueba de un modo de pensar fundamentado. Nuestra época es la verdadera época de la crítica, a la que todo debe someterse. La religión, por su sacralidad, y la legislación, por su majestad, quieren evitarlo en la mayoría de los casos. Empero, entonces suscitan sospechas legítimas contra sí y no pueden reclamar el sincero respeto que la razón le concede a aquello que ha podido soportar su examen libre y público.

[Nota del traductor A]: En español los términos "sensibilidad" y "sensación" tienen la misma raíz léxica, algo que no sucede en alemán (Sinnlichkeit y Empfindung). El lector ha de tener presente que el uso de ambos términos es distinto en el sistema kantiano, siendo el adjetivo asociado a sensibilidad "sensible" y el adjetiuvo asociado a sensación "empírico".

[Nota del traductor B]: Pese a que Kant se expresa en estos términos, conviene recordar que las intuiciones refieren inmediatamente a las cosas.

[Nota del traductor C]: El traductor trata de respetar el texto original en la medida de lo posible, pero conviene tener en cuenta que los elementos a priori de la cognición se encuentran en el sujeto trascendental, no en la mente entendida como cerebro o tejido nervioso, ni tampoco como entidad metafísica con un estatus ontológico extraño.

[Nota del autor 2]: Los alemanes son los únicos que ahora utilizan la palabra "estética" para denominar lo que otros llaman crítica del gusto. Aquí se encuentra como razón la esperanza frustrada, que el excelente crítico Baumgarten captó, de traer el juicio crítico de lo bello a los principios de la razón, y elevar las reglas del mismo a ciencia. Pero este esfuerzo es en vano. Porque las reglas o criterios son, según sus fuentes más distinguidas, meramente empíricos y, por lo tanto, nunca pueden servir como leyes determinadas a priori por las cuales se rija nuestro juicio estético, es más,  este último constituye la verdadera piedra de toque de la corrección de los primeros. Por ello, es aconsejable o bien volver a dejar que caiga en  desuso esta denominación y reservarla para la doctrina que es verdadera ciencia (lo que también nos acercaría al lenguaje y al sentido de los antiguos, entre los que era muy famosa la división del conocimiento en αἰσθητὰ και νοητά), o bien compartir la denominación con la filosofía especulativa y entender la estética en parte en sentido trascendental y en parte en sentido psicológico.

[Nota del traductor D]: Pese al nombre de esta sección, el espacio, al igual que el tiempo, no es una concepción originada en el entendimiento, sino una morfé pura apriori de la intuición sensible, y se origina, por tanto, en la sensibilidad.

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